Marta Cantero: “Las nuevas generaciones ni se imaginan como era Canarias antes de la actividad turística”

La periodista Marta Cantero Lleó ha forjado una amplia trayectoria en medios de prensa y gabinetes de comunicación de empresas de Canarias. Licenciada en Ciencias de la Información y en Derecho, se ha especializado en los últimos años en información turística, asesorando a instituciones con competencias en turismo y manteniendo una colaboración periódica con el diario La Provincia y la Cadena SER.

Muchas gracias Marta por atender a #NuestroGranDestino. En los últimos años trabajaste en reportajes de análisis sobre el turismo, en una serie continuada en La Provincia. Esa aproximación es menos frecuente; la prensa aborda el sector con un enfoque más pegado a la actualidad, con el foco en la contabilidad de la entrada y salida de viajeros…

Sí, en mi opinión es un problema de falta de conocimiento real de un sector complejo como es el turismo. Y también de recurrir siempre a las mismas fuentes de información. En mi caso, el interés por el sector turístico se produce casi sin querer y tiene un doble origen. Por un lado, la crisis y la necesidad como profesional de la comunicación de abrir nuevos caminos. Y, sobre todo, es producto de una discusión con una persona con la que trabajaba, de otra generación y buen conocedor del sector, sobre si el turismo era “bueno” o “malo”. Yo entonces sostenía lo segundo.

El debate nos llevó a plantearnos la conveniencia de hacer un estudio analizando el nacimiento, evolución y estado actual del turismo en Canarias. Para ello, visitamos los principales núcleos turísticos, contrastamos datos estadísticos y aplicamos, por último, un método periodístico: entrevistamos a políticos con competencia en la materia, a empresarios, a sindicalistas y a profesionales de la industria.

El resultado lo publicamos en 2012 en un libro titulado Canarias, ¿líder turístico? . Yo aprendí muchísimo de esa experiencia y, en cierta medida, me especialicé en información turística. Y saqué unas conclusiones que me hicieron abandonar algunos maniqueísmos y tópicos. Desde entonces afronto el análisis del sector ponderando el impacto irreversible que causó en nuestra economía y sociedad: negativo en algunos aspectos y positivo en otros. Pero sobre todo lo que nos ha aportado y nos puede seguir aportando. Sin olvidar en absoluto lo que se debe, y se puede, corregir.

 

¿Pero por qué en Canarias se tiene a veces una visión tan crítica del sector turístico? El turismo transformó una sociedad encerrada en sí misma en una economía de servicios, en sólo dos generaciones. El cambio seguro trajo luces y sombras, pero visto en plano general, ¿no se propició un salto enorme de modernización?

Enorme, pero que se desconoce en gran medida. Las generaciones que no vivieron ese salto, ni se imaginan cómo era Canarias sin la actividad turística:  “Entonces, comíamos piedras”, fue la gráfica expresión que utilizó el alcalde de Adeje, Miguel Rodríguez Fraga, para explicarnos cómo era esa localidad del sur de Tenerife en los años cincuenta y sesenta, cuando el turismo comenzó a expandirse. Y el inversor catalán Santiago Puig nos contó que cuando llegó con su padre a ver algunos terrenos, “aquello parecía un pueblo mexicano de las películas”. Les pareció un lugar solitario y perdido bajo un sol de justicia, “con los hombres dormitando a la sombra y las mujeres cargando sobre sus cabezas agua o alimentos”. Y así, en cada isla.

 

 

En Fuerteventura, el ex presidente del Cabildo, Mario Cabrera nos contó cómo muchos de sus compañeros abandonaron el colegio para hacer dinero rápido como camareros. En Gran Canaria, el alcalde de San Bartolomé de Tirajana, Marco Aurelio Pérez, nos explicó el rechazo social a que las mujeres trabajaran: ¡qué hicieran las camas a los extranjeros les parecía pecado! Y cómo tuvieron que pedir permiso a sus padres, y hasta al cura, para que las dejaran ir a trabajar a los hoteles como camareras de piso. Aquellas fueron las primeras kellys, que hoy se han convertido en grandes profesionales y están demostrando una encomiable capacidad de organización en defensa de sus derechos.

En Lanzarote, el problema del agua era tan grave que recibir al barco-cuba que llegaba semanalmente a la isla con agua potable se convirtió en toda una fiesta popular. Y el empresario Santana Cazorla es hijo de aparceros: él mismo fue un niño-aparcero; y su historia de superación representa, como otras tantas, la conversión de unos ciudadanos empobrecidos y encerrados en un círculo de marginación a ciudadanos que encontraron oportunidades para salir de ella. Estas necesidades primarias se cubrieron en gran medida gracias al turismo y a su capacidad de atraer inversores, contribuyendo al desarrollo de unos sures que entonces no valían nada. ¡No había ni carreteras para acceder a las playas!, hoy tan codiciadas. Falta contar todos estos antecedentes. Falta, en definitiva, hacer más pedagogía y menos demagogia con el turismo.

 

De toda la información que compilaste investigando sobre turismo, ¿qué dato elegirías para explicar la fortaleza de la industria turística canaria?

Los datos son contundentes: el turismo ha llegado a representar en estos años hasta el 35% de nuestro PIB y casi el 40% del empleo. ¿Somos conscientes de lo que estas cifras representan?

El problema de Canarias no es el turismo, sino su incapacidad para diversificar su economía. Ni la actividad portuaria, por citar otro sector potente; ni la ansiada internacionalización, han sido capaces de abrir nuevos segmentos. Tampoco la economía del conocimiento y todo el potencial que tienen estas islas para desarrollar mucha más investigación en materia medioambiental, por ejemplo. Sobre todo de estudios sobre la vida marina; el impacto del cambio climático; la aplicación de energías renovables; etcétera. Tenemos, supuestamente, unas ventajas fiscales espectaculares para atraer inversores que desarrollen industrias de estas características en nuestras zonas ZEC, para su posterior exportación hacia África. Y apenas avanzamos. No hemos sido capaces ni de exportar turismo al continente vecino, pese al know how acumulado en 50 años de experiencia turística. Y ello sin contar la que ya teníamos como balneario de Europa antes de la llegada del turismo masivo.

el turismo representa el 35% de nuestro PIB

Volviendo a los datos, estos días leí que el nuevo presidente brasileño, Jair Bolsonaro, quiere dar máxima importancia al sector turístico para que el país aumente los 8,6 millones de turistas que recibe al año. Es decir, todo un país como Brasil tiene poco más de la mitad de los visitantes que una región como Canarias, que llegó a 16 millones en 2017. Pero es que Cuba, República Dominicana o Túnez, por citar solo algunos de nuestros competidores, reciben también entre 6 y 8 millones de turistas.

¿Conclusión? Canarias es una potencia turística mundial de primer orden. Y en número de pernoctaciones somos la región preferida por los europeos para pasar sus vacaciones, por encima incluso de París o Venecia, según Eurostat. Creo que es el único indicador económico en que Canarias está en cabeza y no a la cola. La pregunta que queda por hacer es: ¿queremos seguir siendo líder turístico? Hay gente que responderá que no, pero no tengo claro si son conscientes del riesgo que eso representa para nuestra sociedad.

 

Los empleos en turismo, sobre todo los empleos operativos, ¿aún tienen baja consideración social?

En cierta medida sí, porque hay toda una corriente, vinculada a la izquierda, que repudia el turismo. Así, sin matices. Y ha generado todo un pensamiento, que ha inspirado también las moratorias, en torno a que el turismo es sinónimo de servilismo. Yo entiendo que el hecho de que sea “sector servicios” no es exactamente eso.

Ahora bien, sí creo que tiene que haber un nivel salarial y de protección de los empleados del sector turístico mayor que el que hay actualmente. Pero eso tiene más que ver con la crisis y la reforma laboral que con la genética de la industria turística.

No hay que olvidar que entre los años 2008 y 2010 el turismo también sufrió la crisis, hasta el punto que el número de turistas cayó ese primer año hasta los 8 millones. Y los empresarios llevaron a cabo entonces un fuerte ajuste laboral. El problema viene después cuando, a consecuencia de la inseguridad en destinos competidores del norte de África, el destino Islas Canarias se recupera. Y se suceden los siete años de récords turísticos que hemos visto, en los que crecemos a una media de un millón de turistas al año. Gracias a ellos se alcanzan rentabilidades históricas, pero se contiene el nivel de plantillas y salarial. No crecen en la misma proporción. Y eso no ayuda a mejorar la percepción social del turismo.

 

A veces hablamos de ‘turistas de calidad’, sin poner nuestra oferta en el espejo de la demanda (aparte de la connotación que tiene descalificar personas en función de su renta, ese es otro tema…) ¿Pero cómo podríamos mejorar nosotros? Afrontar la baja competencia en idiomas, por ejemplo, ¿quizás sea la inversión más rentable?

La formación profesional es uno de los grandes fracasos y retos del turismo canario. Se estima que en algunas islas, como Lanzarote, hasta el 30% de los puestos de trabajo del sector lo ocupan extranjeros. Y efectivamente el idioma es uno de los tapones para un mayor acceso de los canarios a estos puestos. Yo creo que hay una responsabilidad compartida. En primer lugar porque no hemos sabido impulsar iniciativas de calado (sí hay experiencias piloto) para adaptar los estudios a las necesidades reales del mercado.

En la actualidad, los planes de estudios se siguen haciendo sin sentar en la mesa a los representantes empresariales o municipales, que son los que mejor conocen las necesidades del sector y de cada localidad turística.

Por otro lado, la denominada “formación dual” no termina de implantarse al estilo de la alemana o la vasca, porque requiere una implicación empresarial que no existe ni en Canarias ni en el resto de España. Los empresarios germanos cofinancian la formación de estos trabajadores, podríamos decir que los apadrinan y los forman en función de sus necesidades con el objetivo de especializarlos y que permanezcan en sus empresas. Los fidelizan.

Nosotros tenemos otra cultura: no estamos dispuestos a financiar esa formación ni, salvo excepciones, a apostar por empleados a largo plazo. Hay, entiendo, demasiada precariedad. Y, por último, corresponde a cada trabajador esforzarse por alcanzar el mayor nivel de cualificación posible y estar dispuesto a trabajar en horarios partidos, los días de fiesta o movilizándose hacia otras localidades.

Una parte de la oferta comercial en alguna de nuestras zonas turísticas quedó anticuada, con costes de oportunidad altos. ¿Sería factible una rehabilitación de centros comerciales al modo de una ‘reconversión industrial? ¿Cómo se podría abordar un reto así?

Sería conveniente una reconversión de calado de la oferta comercial en los núcleos turísticos. También la de ocio y entretenimiento. En algunos planes de modernización se han incluido de hecho, pero la realidad es que seguimos contando con algunos centros comerciales desfasados: anticuados en su estética, de baja calidad en sus productos y en espacios muy deteriorados.

Como la rentabilidad es menor que en el sector alojativo, la reinversión en su mejora es también menor. Pero afecta mucho a la imagen de un destino. Creo que el papel de las instituciones con competencias en materia turística tendría que ser en este sentido más activo y coercitivo. La gestión integral del sector, más allá de la ordenación legislativa y el marketing, es una de las asignaturas pendientes del turismo canario.

 

Otra pregunta de reconversión. ¿La llegada del ‘modelo Airbnb’ puede retrasar la rehabilitación turística que estaba en marcha? ¿Habría una correlación entre rehabilitación hotelera y el ‘boom’ del alojamiento compartido?

El debate sobre la irrupción de la economía colaborativa en el sector turístico, tanto en el alojamiento como en el transporte, está en mi opinión viciado por la imagen distorsionada que han dado sus competidores tradicionales. Los hoteleros han convertido desde hace años a las viviendas vacacionales en responsables de todos los males del turismo: la subida del precio del alquiler, la turismofobia, etcétera.

He asistido a congresos en los que les he oído discursos absolutamente desproporcionados. Hablan de las VV en términos apocalípticos, calificando la oferta vacacional de cáncer, plaga y otros calificativos tremendistas. Y los gobiernos no han sabido actuar de árbitros ante dos intereses legítimos contrapuestos: una oferta alojativa convencional surgida en el siglo XX y una oferta alojativa emergente que irrumpe en el siglo XXI, vinculada a internet. Esta última existe, además, porque hay clientes que prefieren viajar así y se sienten más cómodos en casas particulares que en hoteles. Y pese a que muchos lo nieguen, es una oferta que democratiza los beneficios del sector turístico, aunque haya grupos especuladores que estén haciendo su agosto abusando de ella.

Por otro lado, igual que hay hoteles y apartamentos de baja y alta calidad, hay viviendas vacacionales de mala o buena calidad. La economía colaborativa es, en conclusión, producto de un tiempo nuevo y tendrá que terminar siendo aceptada y regulada en condiciones. Ambos negocios tiene que aprender a convivir en sana competencia.

 

Una parte del recelo con la expansión del alojamiento compartido va por ahí. Se vuelve a enfocar el turismo como un negocio de rentas, con el riesgo de reducir la calidad del empleo turístico…

Todo depende del prisma con que se miren las cosas. El turismo está integrado por una gran variedad de negocios distintos: turoperación, alojativo, hostelería o comercio, y otra cantidad de pequeños emprendedores que se dedican a prestar servicios de todo tipo: actividades deportivas, culturales, etcétera. Es un negocio complejo, muy dinámico y, como me dijo el vicepresidente de Exceltur; José Luis Zoreda, en una entrevista: “integrado por intereses no sólo distintos, sino en muchas ocasiones contrapuestos y enfrentados”. Cuando se argumenta que la oferta vacacional no crea apenas empleo, se obvia que de ese negocio viven también numerosas familias. Y es tan legítimo, siempre que se haga de acuerdo con la ley, destinar una vivienda a alquiler residencial como vacacional.

El problema, en mi opinión, está en el arbitraje institucional. En cómo se regule y qué interés se favorezca, porque nunca se va a poder satisfacer del todo a ambas partes. Yo entiendo que, por encima de ellas, hay un interés general: el destino. Y deje regularse para que en él quepa todo lo que la variedad de clientes demandan, siempre y cuando se ofrezca con calidad.

 

La orientación de los destinos de Canarias al desarrollo sostenible, ¿es un camino sin vuelta atrás? ¿Damos pasos sólidos hacia la reorientación de oferta?

Recientemente asistí en La Orotava a uno de los congresos turísticos más interesantes que recuerdo: la segunda edición del Congreso de Turismo Sostenible Verode. Se generó un debate que sintetizaba todas las tensiones que vive Canarias en estos momentos en relación al turismo y la sostenibilidad. Todos los presentes, ponentes y asistentes, nos quitábamos la palabra por tratar de responder a la pregunta de si ambos conceptos son compatibles.

Tras oír a tanta gente cualificada argumentar en un sentido y el otro, yo saqué mis propias conclusiones. Entre ellas, que la sostenibilidad ha dejado de aplicarse sólo al medioambiente y que la crisis puso de manifiesto que hay, también, otras dos sostenibilidades a atender: la social y la económica.

la sostenibilidad no se aplica sólo al medioambiente

Si nos preguntamos cuántos turistas conviene recibir como máximo, es decir dónde está el techo, tenemos que preguntarnos también cuántos no podemos dejar de recibir, o dónde está el suelo. Porque si volvemos a los 8 millones de turistas de 2008 o los 10 millones de media anual que teníamos en la primera década de este siglo, la pérdida de empleo va a ser de cuidado.

Según los datos de la moratoria, los actuales 16 millones eran ya una catástrofe. Y sin embargo, al estar repartidos entre varias islas y a lo largo de todo el año (somos uno de los destinos menos estacionales del mundo), hemos tenido capacidad para asumirlos sin que surjan fenómenos de turismofobia. Porque es verdad que si el turismo entra en grave conflicto con el residente, no conviene. Su objetivo es mejorar nuestra forma de vida, no empeorarla.

 

De todas las noticias que se fueron generando en los últimos años en torno al sector turístico de Gran Canaria, ¿cuál marcarías como la mejor noticia? ¿Qué indicadores subrayarías para titular esta entrevista de forma tan optimista que se rompan los ordenadores del Cabildo?

Jajajajaja. Sinceramente, no me atrevo a destacar una mejor noticia sobre el turismo en Gran Canaria: la mejor noticia es Gran Canaria misma y la calidad de sus riquezas naturales, su paisaje y su clima. Son nuestro gran lujo y la mejor materia prima para fabricar un buen destino. Respecto a la elaboración del producto final, nuestras infraestructuras y la gestión de esa industria, hay mucho por andar y por cambiar. Falta sobre todo más consenso público-privado, en mi opinión.

Y como posible titular para romper los ordenadores del Cabildo se me ocurre uno. Hacer como Coca-Cola: dar con la fórmula secreta  de cuál es el modelo turístico que guste a todos y embotellarla. Para venderla, el Patronato de Turismo tiene experiencia y profesionales de sobra.

 

 

 

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