42 años de ‘La Cafetera’, secretos dulces y pastelería alemana al pie de Las Canteras

El bullicio del centro de la ciudad casi se esfuma detrás de sus puertas, con un letrero pintado a pincel que adelanta algunos de los encantos del interior. ‘La Cafetera’, en la calle Miguel Rosas esquina con Alfredo L. Jones, no entiende de prisas. Y frente al ajetreo del concurrido Hotel Reina Isabel, permanece como un refugio de paz congelado en el tiempo. Asomar la nariz por este local es viajar a Alemania, o Inglaterra, a un salón de té de la vieja Europa, con un cuidado exquisito y un tiempo que parece no haber pasado por sus mesas. En el mostrador, varias tartas esperan su turno. Sus recetas llegaron antes que nadie en un secreto dulce que tiene más de 100 años de vida.

El trabajo digital de José María Arriaga es lo único que devuelve a este local al siglo XXI. Con su portátil y unos folios hace cuentas en un establecimiento que es más antiguo que él. “Yo estoy con parte de la gerencia de La Cafetera, con la contabilidad, trato con proveedores, reuniones y atención al público, pero quien me ve por aquí siempre pregunta por las señoras”, asegura. Y seguro que así lo hacen para garantizarse que el alma y el corazón de este local sigue en su cocina.

Ellas son su madre (Manuela Soberino) y su tía (Carmen Soberino), las que le dieron el honor y la suerte de ponerse al frente del negocio. “Trabajar con la familia no siempre es fácil, pero esto es un regalo que tenía que aceptar” explica orgulloso José María. Para él lo más complicado es que “las cosas cambien sin cambiar”, o lo que es lo mismo, mantener la esencia de un negocio capaz de parar las agujas del reloj con el encanto y la magia de un pasado que no se arruga.

“No hay ningún sitio así por la zona”, explica, y esa es precisamente la virtud de este rincón tranquilo en medio de una ciudad a 1.000 revoluciones. Esta ‘cafetería-konditorei-creperia’ es “el ambiente, las recetas, el local y el cariño”, recuerda, ya que las manos de las hermanas Soberino son “las que hacen los creps, únicos en la isla, y las tartas” que lleva más de cuatro décadas enganchando a los golosos de la isla y de parte de Europa.

Las tartas de siempre enganchan a los golosos

Cuando se trata de hablar de la estética del local, José María se ríe, y tira de un archivo de fotos para poner en valor el encanto de este lugar. “Las mesas son las mismas, las lámparas, los carteles y si te fijas, hasta las tartas que hay en el mostrador en los años 80 son las mismas que están a la venta a día de hoy”.

A los clientes “de siempre” eso es lo que les gusta, y a los nuevos les gusta encontrar algo diferente. “Mantenimiento y conservación, eso es lo que se interviene en el local”, en una renovación para que “los clientes fieles vengan con sus nietos y que se conserve la esencia generación tras generación” como “recién abierto, pero vintage”.

 

 

 

 

 

La Cafetera tiene acento canario, pero guarda alma alemana, y es que la historia viene de atrás, fruto de afortunadas casualidades, de dedicación y sobre todo mucho trabajo.

Así lo explica Carmen Soberino, que conserva el acento de su tierra y sobre todo el amor sin límite a su trabajo. Hace ya 42 años este local abrió sus puertas a cargo de la empresaria alemana Anne Marie, y Carmen empezó a trabajar aquí con ella desde sus primeros días, en 1980. Cuando se jubiló, La Cafetera pasó a sus manos y desde entonces “muchas horas de trabajo, dedicación, amor y mucho mimo”, confiesa Carmen.

La tarta de manzana es seña de identidad

La pasión con la que cuenta la historia viva en el local no tiene edad. Con cariño explica cómo la tarta de manzana al estilo alemán es seña de identidad, pero también la de queso, que viene “de la familia del marino de Anne Marie” en una herencia alemana que ya tiene más de un siglo y que permanece al abrigo de este rincón capitalino. La clientela “fiel, sin duda”, pero también internacional. “Viene mucho cliente alemán, mucho inglés, también franceses y cada vez más españoles”, asegura José María y su tía Carmen, “y quienes venían de niños ahora vienen con sus nietos”, celebra con una sonrisa.

Siempre hay quien llega y “cuenta alguna historia, que aquí conoció a su marido, que era el lugar al que le traía su madre de niño… y que ahora lo disfrutan como padres y abuelos con su familia”.

Crepes saladas, quizás las mejores de la ciudad..

 

 

 

 

Tartas como estas no las hay en ningún sitio más, y con ellas sus golosos más fieles viajan a la infancia. Sus recetas guardan esa virtud que tienen los sabores y los olores de llevarte a momentos felices…

No solo son las tartas tradicionales de origen alemán, los crepes “son espectaculares y diría que los mejores de la ciudad”, afirma José María, que añade a la lista de especialidades varios platos tradicionales alemanes. La cocina es “auténtica porque es viajera”, ya que en este local el conocimiento y la experiencia viene del aprendizaje en Francia, Alemania, y también en sitios de frontera como Normandía, por ejemplo.

Nuestra cocina es auténtica porque es ‘viajera’

No solo es un lugar para los amantes del dulce. Brillan en la carta platos tradicionales como el roast beef y el salmón noruego, o la ensalada de pollo, y los crepes salados con ese crujiente especial. Receta casera, ingrediente natural, producto de mercado, porque para aguantar en pie 42 años hace falta calidad y ante ella no hay pandemia que se interponga.

El jefe de cocina Luis Soberino es el encargado de hacer de este café un puerto de escala al mediodía y de mantener una carta que no envejece con los años. Durante la pandemia, ‘La Cafetera’ fue oficina de teletrabajadores que buscaban un rincón tranquilo, y a día de hoy sigue siendo un lugar íntimo bañado de encanto. Tomar el té, disfrutar de un pedazo de tarta, disfrutar de una carne cocinada a la alemana y charlar, escuchar… Este establecimiento de atmósfera hogareña atesora esos pequeños privilegios.

La atmósfera hogareña es todo un privilegio

 

 

 

Carmen conoció a Anne Marie en la peluquería en la que trabajaba, y con el tiempo aprendió a hacer las recetas y a llevar el negocio. Al igual que Carmen, José María ha llegado a este local sin tenerlo previsto, pero tras varios años en la hostelería era una oportunidad que no quería desaprovechar. Ahora “me hago cargo del negocio para que las señoras se dediquen solo a la repostería y sobre todo puedan irse a descansar, que se lo merecen”, afirma con rotundidad.

La mezcla entre lo moderno y lo antiguo convive en sus mesas, en sus letreros, en cada detalle, en las cartas escritas a mano que aún conservan, en las fotos que guardan y en los recortes de prensa que hablan de años y años haciendo historia. Es un reto mantener un servicio y una carta auténtica y al estilo europeo, explicarle al cliente que no se sirve en mesa, que el café es diferente y que eso es precisamente lo mejor de este lugar. Quien lo entiende, no solo lo agradece, sino que se suma a la lista de fieles a sus platos.

Mantener la carta auténtica es todo un reto


“Yo estoy contento cuando el cliente sale contento”, asegura José María, y en el trato al cliente está su amor por trabajar en La Cafetera. El amor de Carmen es más antiguo, “a mi cocinar me encantaba desde chica” y es que ya hacía sus primeros pinitos de niña con su madre en la cocina de la casa familiar.

Ella se levanta a las 4 de la mañana para empezar a elaborar las tartas y la repostería, pero no le pesa, asegura, a pesar de que “son muchas horas, dedicación y sacrificio”. A ella le gusta esto, y por eso no dejará el trabajo mientras pueda ocuparse de él.

Su sobrino José María “es más moderno, pero a él también le gusta esto”, dice mirándole con una sonrisa. José María asiente, “espero poder jubilarme aquí”, afirma.

 

 

 

*Conozca ‘Konditorei La Cafetera’ en Doctor Miguel Rosas nº41, esquina Alfredo L. Jones. Las Palmas de Gran Canaria.

 

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Texto: Laura Bautista
/ Fotografía: Arcadio Suárez

 

 

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