Bodega La Higuera Mayor: tradición familiar de corazón volcánico

Una línea de ayudas a la agricultura fue el empujón que necesitó Luis López Parres para relanzar la finca de su abuelo y crear una nueva plantación. “Me he dedicado toda la vida a la agricultura, y desde pequeño tuve fijación por los viñedos y el gusto por el vino”, nos contó.

Su abuelo tenía una finca, pequeña, donde hacía realidad un hobby delicioso. Sus vinos poco a poco se quedaron en la familia, como tradición. Su padre heredó esta afición y es que “somos una familia muy de vino”, explica Luis, hoy ya dedicado profesionalmente a la gerencia de Bodega La Higuera Mayor. Él fue el que decidió ponerle nombre y letrero a esta bodega en 2003, con una nueva plantación. Y ya en 2006, La Higuera Mayor produjo su primer caldo Denominación de Origen.

“Mi abuelo preparaba vino para la familia, era una producción pequeña e íntima, de fin de semana”. Pero cuando Luis heredó el terreno la convirtió en una explotación agrícola, y en su modo de vida. La producción son unos 5.500 kilos de cuatro tipos de uva, pequeña pero de la que se siente muy orgulloso.

Ofrecen visitas y catas comentadas a los turistas

 
 

 

 

 
 

Listán negro, tintilla, negramoll y castellana, uno de los secretos de La Higuera Mayor es haber encontrado la combinación perfecta entre las diferentes variedades que cosechan, pero no es el único. Esta finca entre Telde y Santa Brígida produce sobre tierra apiconada en la superficie de labor, con una capa de picón o ceniza volcánica que permite buen drenaje, sin encharcamientos en las raíces y que le da a sus tintos ese sabor especial de corazón volcánico.

“Las variedades tienen su mejor expresión todas juntas”, y esa es la apuesta de La Higuera Mayor. “Hay bodegas que elaboran vinos monovarietales, pero yo y el enólogo de la bodega nos inclinamos por el equilibrio entre las cuatro”, nos detalla Luis.

La capa de picón y ceniza volcánica aporta el sabor especial

 
 

 

 

 
 

Sin embargo, aunque la uva, la combinación y el suelo le aportan sólidos pilares donde construir sus caldos, para Luis López la magia va más allá. “Es el cuidado, el mimo, el hacerlo todo a mano, sin químicos, con trabajo bien hecho con un viñedo que no tiene ni insecticidas ni pesticidas”.

Es un cuidado día a día “en el que la viña expresa su características” y con ella nacen los mejores vinos. Para Luis López intervenir lo menos posible en la planta garantiza el sabor, la diferencia, con prácticas sostenibles y respetuosas con el medio ambiente. Su vino “es diferente a cualquiera de otra procedencia” porque son estas características las que le dan los detalles que lo hacen “único”.

El vino es como una carrera de fondo

Llegar a esa mezcla perfecta no ha sido fácil, con un camino “muy duro”, confiesa. “El vino no es como un cultivo de papas que a los meses puedes estar viendo beneficios”, con este negocio hay que plantar, esperar, probar… es una carrera de fondo”. Los costes de producción son altos, hay mucha competencia y hasta que “no pasan varios años no empiezas a ver resultados”. Aún así, el sacrificio le compensa.

 
 

 

 

 

 
 
 

La Higuera Mayor ha recibido varios premios, como el Sello de calidad Volcanic Experience, o como primer clasificado en la XVII cata del Cabildo Insular de Gran Canaria, pero asegura que hay uno al que tiene especial cariño. “Fue uno de los premios que nos dieron en Estados Unidos, de los primeros”, y que recibió el aplauso de los consejeros insulares y un recuerdo que guarda como un tesoro. Ya son 10 años cosechando premios y es que “siempre estamos al pie del cañón, luchando y batallando”.

El vino es paisaje, conservación de nuestra identidad

Para Luis López, los vinos grancanarios no pueden competir con grandes producciones, por lo que la diferenciación y la calidad es la clave. Las fincas “son pequeñas, el sector funciona a pequeña escala”, pero es más que vino, “es paisaje, es conservar la identidad de la isla, y eso son beneficios que salen de la industria para todos y todas los que vivimos aquí y para quienes nos visitan”.

 
 

 

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Hace unos años que La Higuera Mayor abrió las puertas de su bodega a los turistas, que se llevan “una gran experiencia” y, sobre todo, “la sorpresa de descubrir la calidad de los vinos de Gran Canaria”.

Recibirles, que conozcan al bodeguero, prueben los vinos, paseen por los viñedos… “se quedan encantados”, y por su voz se delata que a él también le encanta. Alemanes, noruegos, americanos o ingleses, a su bodega llegan de todos los rincones del mundo y se convierten en embajadores de la isla y avanzan en que se conozcan cada vez más y mejor. Ofrecen visitas, catas comentadas y están lanzándose a nuevos mercados como los cruceristas, entre otros. “Queda mucho camino, pero en Gran Canaria hay buenos vinos y muchas personas trabajando para que salgan al mundo”.

La pandemia en el sector vitivinícola fue dura, con un impacto directo en la restauración y el turismo que afectó a los productores de vino de toda la isla. Luis López asegura que aunque fue una época de “economía de guerra” ya vuelve a haber actividad, que es algo que le ha llenado nuevamente la agenda y ha devuelto la esperanza.

El canario cada vez valora más el vino hecho aquí

Su cliente es fiel, y “estamos remontando” en momentos en los que la cosa “afortunadamente, va bien”. Cruza los dedos y tiene sus esperanzas puestas en 2022, donde además de restauración, ya sus vinos han llegado a tiendas especializadas y a internet. “El canario cada vez valora más el vino hecho aquí”, y eso garantiza un brillante futuro para estos caldos de corazón de lapilli y sello isleño.

 
 

 

 
 

 
 

*Conozca todo sobre la marca en la web de Bodega La Higuera Mayor

 

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*Texto: Laura Bautista
**Fotografía y vídeo: Arcadio Suárez