DULCES DE GUÍA ANTOÑITA

Dulces artesanos de Antoñita: El sabor de siempre y el tesoro de Guía

En el casco de Santa María de Guía hay una calle de acera estrecha, adoquinada, y que huele a pan recién horneado, a anís, almendra, limón y canela… Como si de un hechizo se tratase, el que camina por la calle Pérez Galdós no se resiste a asomar la nariz al local de Dulces artesanos de Guía de Antoñita. Y es que como confiesa su hija Puri “todo el que viene al pueblo pasa por aquí”.

La receta de los dulces de Antoñita se pierde en el tiempo, con un origen que según la historia se remonta a esos ingleses y franceses que salieron de su tierra para asentarse en las islas en el siglo XIX. Estos dulces buscaban devolverles a su hogar, con los sabores tradicionales de su niñez, de la casa familiar y de las fiestas de siempre.

Este olor que envuelve la calle Pérez Galdós de Guía ha logrado mantener este compromiso con la nostalgia por más de 80 años. “Llevo comprándolos desde hace más de 40 años y saben igual desde el primer día”, explica un cliente, y no le falta razón. “Ese mismo olor y sabor inconfundible”, como los define en un suspiro otro de sus fieles golosos.

Los bollos, las galletas y estos queques les llevan a las casas de sus padres, de sus abuelas, a su niñez, a los cumpleaños y las fiestas, y darle sabor a ese recuerdo es el mejor premio para Antoñita y su familia.

 

DULCES DE GUÍA ANTOÑITA

 

DULCES DE GUÍA ANTOÑITA

 

Dentro del local, cuadros con fotos en tonos sepia y blanco y negro hablan de la antigüedad de las recetas y la tradición de esta profesión familiar. Manos que dan forma a bollos tradicionales, hornos de gran formado de los años 80, pinceles que lustran la masa con huevo o azúcar… son algunos de los recuerdos que atesoran sus paredes, aunque poco ha cambiado desde entonces.

Los dulces se hacen ‘como siempre’, con mimo

Los dulces de Antoñita se hacen como siempre, a mano, con mimo y con amor, asegura Puri. “Las pintitas se ponen una a una, los bollos se pintan con pincel y los mantecados se envuelven a mano”. Es un trabajo dedicado donde “cada minuto cuenta”.

 

DULCES DE GUÍA ANTOÑITA

 

DULCES DE GUÍA ANTOÑITA

 

DULCES DE GUÍA ANTOÑITA

 

DULCES DE GUÍA ANTOÑITA

 

Y todo nace de ella, Antoñita, a la que ir a la tienda “le da la vida”. Y es que casi una vida ha pasado en ese local, tal y como recuerda la foto en blanco y negro de una joven frente a la Basílica de Arucas. Aunque Antoñita es parte de la tradición de Guía, este es su pueblo de adopción. “Se vino por un buen motivo, por amor”. Su relación con Norberto la llevó a una panadería en esa misma calle y ahora, a ser parte de la historia del municipio, cuenta su hija.

Desde que eran pequeños ella y sus hermanos la acompañan, ahora de mayores son quienes atienden tras el mostrador y las manos que sustituyen a las que aparecen en las fotos de las paredes. “Oficialmente es desde 1978, pero yo y mis hermanos llevamos toda una vida”. Los Padrón Pérez “salíamos del colegio y nos veníamos a la tienda, a ayudar en lo que podíamos, desde niños”, porque en este pequeño local siempre “hay algo por hacer, vamos al día” tal y como exigen sus dulces artesanos sin conservantes.

Puri, Magnolia y Rober conocen bien su oficio

Puri, Magnolia y Rober conocen cada detalle de este oficio. “Masa de harina, manteca, algunos con anís, otros con pasas o con canela, el pan de limón, los mantecados o polvorones “que suenan a navidad pero aquí los hacemos todo el año”, bromea. Cuando explican el proceso de elaboración parece hasta sencillo, pero este pequeño rincón de Guía guarda algún secreto.

Son “de toda la vida”, explica Puri, los “verdaderos dulces tradicionales de Guía”. Con el dedo va señalando una por una las variedades que guarda la vitrina, que detalla con paciencia y con cariño. “El de pintitas es el más cremoso, también los hay de anís, las galletas de naranja, la caracola de almendras y pasas, los pintados con huevo, los de canela, que tienen dos formas diferentes y hay quien dice que no saben igual”, explica entre risas.

También el pan de limón, las lengüitas, “ligeras y crujientes”, y todo en una producción pequeña hecha en el día. Lo más complicado es decidirse, bromea. A las 8 de la mañana se encienden los hornos y desde esa hora es un no parar, “se elabora, se hornea y se vende, fresco, del día” como le gusta a su clientela, casi tan fiel como ellos a las recetas.

Aquí todo es casero, sin conservantes

Muchos de los clientes “nos han visto crecer delante y detrás del mostrador”, relata con una sonrisa, pero no solo a ellos, ya que a día de hoy ya está la tercera generación del negocio al frente de los hornos.

 

DULCES DE GUÍA ANTOÑITA

 

DULCES DE GUÍA ANTOÑITA

 

Magnolia era la única de los tres hermanos que siempre se dedicó al negocio familiar, pero la pandemia lo cambió todo. Así lo cuenta Puri, que estudió Relaciones Públicas y Publicidad. Mientras lo cuenta se ríe, porque poco tiene que ver con su trabajo actual, que cambió tras el parón obligatorio de la Covid-19. El confinamiento y el cierre la llevó a decidirse finalmente y a ponerse el delantal a jornada completa. “Siempre hemos estado involucrados de alguna forma, yo sobre todo me encargaba de los queques”, pero llegó la crisis y con ella también la oportunidad, celebra.

“Volvimos y poco a poco hemos remontado”, y aunque aún echan de menos a los turistas, celebra que todo va bien. “Los franceses, por ejemplo, venían mucho por aquí”, recuerda, y también confía porque no tiene duda de que la normalidad volverá.

La pandemia lo cambió todo, poco poco remontamos

“Aquí todo es casero, sin conservantes. Y gustará o no pero lo que nadie puede negar es que lo hacemos todo con nuestro corazón y de la mejor forma que sabemos”. Es un trabajo muy dedicado y delicado también, y “solo tenemos dos manos, pero las aprovechamos al máximo, para que nadie se quede sin probar un poco del sabor de Guía”.

 

 

 

*Encuentre la repostería Dulces de Guía Antoñita en calle Pérez Galdós 40.
Guía de Gran Canaria.

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Texto: Laura Bautista /
Fotografía y vídeo: Arcadio Suárez

 

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