ARQUITECTURA ANCA: “El espacio público sigue siendo la tarea pendiente y urgente para redefinir las áreas turísticas de Canarias”

Elsa Guerra y Noemí Tejera son arquitectas y urbanistas, socias directoras de ARQUITECTURA ANCA, firma con amplia experiencia en la intervención y desarrollo de proyectos en zonas turísticas de Canarias. Han abordado gran número de vértices de la arquitectura o el urbanismo, desde la ordenación de áreas turísticas, la ordenación del litoral o la rehabilitación urbana, trabajos a los que añaden como marca un compromiso claro por la democratización del espacio público y el cuidado del medio. A su trayectoria como proyectistas suman labor como docentes, editoras, investigadoras o impulsoras de asociaciones sectoriales, junto a un sinfín más de trabajos que las convierten en voces de autoridad en el debate sobre el espacio turístico.

Muchas gracias por atender a #NuestroGranDestino. Visto desde fuera, la arquitectura para el turismo parece un campo enrevesado. El huésped, el ‘habitante’ de los espacios, es alguien en permanente rotación, que debe entender rápido los edificios donde se hospeda, y a menudo trae expectativas muy altas sobre lo que espera encontrar en su destino. Seguro que habrá varias singularidades más…

Elsa Guerra: La arquitectura da forma a los espacios que acogen la vida de las gentes, también cuando hacen turismo. Hasta el punto de que la arquitectura adquiere su sentido al ser habitada.

La persona que hace turismo normalmente tiene una ambición de algún modo contradictoria. Pretende, por una parte, descubrir nuevos lugares y experimentar nuevas sensaciones. Pero al mismo tiempo tiene la intención de pasar en ese destino un periodo de descanso y ocio, para lo que precisa contar con las adecuadas condiciones de confort, que responden en cada caso a su cultura y costumbres.

De ahí que muchos enclaves turísticos adopten prácticas que no son propias del lugar en que se sitúan. Del mismo modo, los espacios presentan cualidades ‘exóticas’ o ‘típicas’ pero sólo a modo de adorno, de envolvente, lo que resulta en ese componente tan propio de la arquitectura turística que es su carácter escenográfico o de simulacro.


Tendemos a pensar a veces en la ciudad turística como un espacio de baja calidad arquitectónica. Pero podemos nombrar buen número de edificios de uso turístico de enorme valor. ¿Qué edificios del turismo en Canarias les parecen más singulares?

EG: Esa infravaloración de la arquitectura turística tiene que ver con el aspecto que antes señalábamos, con su carácter de ‘escenario’. También con el hecho de constituir la infraestructura básica de una actividad económica, lo que hace que sus construcciones respondan a una lógica comercial directa.

De hecho el espacio turístico no fue objeto de atención en la investigación y teoría arquitectónica hasta finales del siglo pasado. Pero desde entonces ha sido ampliamente estudiado y valorado, y con ello también parte de su arquitectura, aún con sus singularidades.

En Canarias, en concreto, la ciudad turística ha recibido gran atención en particular a partir de las Directrices de Ordenación del Turismo de Canarias del año 2004. En ese momento se convocaron foros de debate, como el I Congreso Internacional sobre el Espacio Turístico: Reinventar el Destino, que organizamos desde CASARIEGO-GUERRA arquitectos en 2003, y se publicaron multitud de libros y revistas especializadas, como el Nº 28 de la Revista BASA (del Colegio de Arquitectos de Canarias).

Estas aproximaciones pusieron por vez primera en valor no sólo determinadas piezas arquitectónicas de las ciudades turísticas canarias, sino también determinadas singularidades que ya forman parte de la historia y la identidad de las Islas.

 

¿Podemos hablar de un patrimonio turístico canario en relación con la arquitectura contemporánea?

EG: Sin duda, como comentaba antes, la ‘ciudad turística’ forma parte de nuestra historia y cuenta con una muy interesante colección de conjuntos y piezas de alto valor arquitectónico, por lo que ya habría que considerarlas patrimoniales y preservarlas adecuadamente.

La ‘ciudad turística’ ya forma parte de nuestra historia

Podríamos citar en Gran Canaria diversas obras de Manuel de la Peña, como el conjunto de ‘Rocas Rojas’ o el Hotel Folías en San Agustín; de Félix Juan Bordes y Agustín Juárez, como los Apartamentos Vinciana en Playa del Inglés, de 1966; de Pedro Massieu, como los Apartamentos Don Pedro en Playa del Inglés, de 1967. Así como otras posteriores, por ejemplo de Luis López Díaz, como el vestíbulo de Anfi Beach Club, o varias más recientes de Andrés Piñeiro, exponentes de una revisión más posmoderna.

Y a ello habría que añadir el valor de las propuestas del Concurso Maspalomas Costa Canaria de 1962 o la Urbanización de TenBel en el sur de Tenerife, de Díaz-Llanos y Saavedra de 1963, como referencias de ‘ciudad turística’ de alto interés.

 

A pesar de que hay una tendencia a cuidar cada vez más la calidad de la oferta, aún hoy vemos desarrollos que repiten la yuxtaposición anodina de bungalows y apartamentos. O arquitecturas que infravaloran las zonas comunes para la interacción entre los huéspedes de los alojamientos. ¿Son esos los errores más frecuentes en los resorts turísticos de las islas?

EG: La urbanización turística inicialmente se construyó muy rápido y sin contar con experiencia previa, a lo que se sumó el propio carácter ‘moderno’ de la cultura dominante de los años 60 y 70 del pasado siglo que no atendía a las condiciones de contexto e integración en el paisaje, además de plantear una trama urbana centrada en el movimiento del vehículo a motor. Además, efectivamente los conjuntos de apartamentos en muchas ocasiones no ofrecen los servicios y espacios colectivos necesarios.

Este tipo de deficiencias se vienen advirtiendo desde los trabajos de análisis y propuestas de rehabilitación del espacio turístico elaboradas como Propuestas Piloto a partir de las Directrices de 2004. Nuestro Estudio elaboró la Propuesta Piloto para San Agustín, donde planteamos estrategias de regeneración urbana globales que además de rescatar ámbitos de espacio público, establecían mecanismos para dotar a los conjuntos de apartamentos de servicios complementarios que podían compartir diversos complejos.

Sin embargo, la rehabilitación del espacio turístico existente se advierte en la actualidad ante todo en conjuntos o edificios alojativos, no en el espacio público, que sigue siendo la tarea pendiente y urgente para redefinir las áreas turísticas de Canarias.

 

 

 

Si tuvieran que valorar, -si eso fuera posible- el nivel de accesibilidad de las zonas turísticas de Canarias, ¿cómo las calificarían? ¿Cuál sería la zona turística mejor acondicionada en ese aspecto?

Noemí Tejera: Se han hecho grandes esfuerzos en este sentido, pero todavía queda mucho camino por recorrer. Por ejemplo, si ponemos el acento en el uso y disfrute del agua, sabiendo que el porcentaje de turistas vinculado al sol y playa que nos visita anualmente asciende al 90%, resulta fundamental la accesibilidad en nuestros bordes marítimos y la asistencia al baño, que se produce en el ámbito de Gran Canaria en las playas de Las Canteras, Maspalomas, las Burras, San Agustín, la playa del Inglés y Meloneras.

El gran reto se sitúa en la regeneración del espacio turístico, y con más énfasis, si cabe, en el espacio libre que en el ámbito alojativo. Atender a la accesibilidad, recogiendo la multiplicidad de necesidades diversas que presenta nuestra sociedad, debe plantearse más allá del cumplimiento de la norma e incluso más allá del encargo del proyecto. Esto puede sonar algo naíf, pero todo proyecto lleva consigo una reflexión urbana sobre el fragmento de ciudad sobre el que se proyecta.

 

 

En Canarias, la relación entre las ciudades turísticas y el mar, aunque parezca una paradoja, no siempre se resolvió bien. Nombramos esto por alguno de los últimos proyectos de su estudio, la recuperación de 2 paseos singulares de costa en Puerto de la Cruz, en Tenerife. Tras ese trabajo y otros anteriores, y tras el análisis que habrá seguro detrás, ¿dirían que las zonas turísticas del archipiélago integran bien su cercanía con el mar?

EG: En las zonas turísticas el litoral ha sido la razón de ser, por tanto se trata de una relación muy diferente a la que se presenta en la ciudad tradicional que sólo recientemente se ha volcado hacia el mar, aprovechando la oportunidad que han brindado zonas portuarias obsoletas entre otras. Ahora bien, aunque la ciudad turística se plantea abrazando el litoral no ha cuidado hasta ahora el tratamiento de la franja de borde entre la costa y la urbanización. Nuevamente se trata de la importancia del espacio público a considerar no solamente desde la perspectiva funcional sino también ambiental y material.

En ese sentido, la rehabilitación del espacio turístico está ofreciendo la posibilidad de revertir y mejorar las condiciones originales. En el caso de Puerto de la Cruz estas actuaciones se abordan dentro de una estrategia global desde el Consorcio para la Rehabilitación de Puerto de la Cruz que combina acciones espaciales con otras que tienen más que ver con gestión y la propia consideración del modelo de negocio turístico. Nuestras propuestas para el Paseo de la Costa y para el Paseo del Ciprés se desarrollan en ese marco global, lo que refuerza tanto su planteamiento como su implicación en la transformación de la ciudad turística en su conjunto.

 

 

 

La movilidad de las personas en las ciudades turísticas, parece otro de los grandes retos pendientes…

NT: Se trata de construir comunidades sostenibles e inclusivas. En nuestro caso, como señalábamos con anterioridad, más que de construir, hablamos de regenerar. Las ciudades turísticas son una oportunidad para organizar los sistemas de movilidad de forma compartida y minimizando su huella ecológica. Son opciones que, por otro lado, pueden servir de herramienta de regulación de la capacidad de carga de nuestros espacios turísticos, algo en lo que habría que estar poniendo toda nuestra atención, especialmente en aquellos lugares cuya fragilidad paisajística puede verse amenazada.

 

Volviendo a Gran Canaria, la rehabilitación de la GC-1 ha sido objeto de largos y enconados debates. Seguramente es uno de esos proyectos que necesitarán inversión y esfuerzo por muchos años. Junto a eso, hay largas discusiones sobre cómo afecta esa vía a la primera impresión que se hace el visitante de la isla. ¿Pero en qué medida creen que nos marca a los isleños esos tramos de paisajes abandonados? La GC-1 es algo así como la espina dorsal de la actividad económica de la isla, nuestra ‘main street’…

NT: Los isleños somos turistas en nuestra propia isla, y la GC 1 es nuestro gran mirador del paisaje cotidiano. Ya desde el Convenio Europeo del Paisaje,  hace casi una década, se señala la importancia del paisaje como un elemento importante de la calidad de vida de las poblaciones y no sólo en aquellos espacios de reconocida belleza excepcional sino también en los más cotidianos. Sin duda, tanto el trazado de la GC-1 como la atención a sus bordes, la relación con el verde natural, el horizonte y el mar, son cuestiones que están sobre la mesa a corto, medio y largo plazo.

La GC-1 es nuestro ‘gran mirador’ del paisaje cotidiano

En las pasadas Jornadas del Paisaje de Gran Canaria presentamos dos proyectos de regeneración urbana, con especial atención al paisaje natural y patrimonial, en el Puerto de la Cruz (el Paseo de la Costa y el Paseo del Ciprés), una participación que tuvimos el gusto de compartir con la presentación por parte de los equipos redactores de los Planes Directores de Regeneración Paisajística de la GC-1 y de la GC-2. Cada uno de estos grandes esfuerzos debe ir acompañado de políticas de comunicación abierta, de tal forma que los debates puedan propiciarse más allá del ámbito profesional. La única forma de construir cultura del paisaje es a través de la participación ciudadana.

 

Siguiendo con el diseño urbano de los resorts, ¿cuáles podrían ser hoy los grandes problemas en el uso compartido de los espacios entre turistas y locales?

EG: Respecto a esa cuestión habría dos temas a comentar. El primero tiene que ver en general con la mezcla de los usos turístico y residencial en un área turística, que en mi opinión no tendría por qué ser negativa. En mi opinión es la obsolescencia lo que es problemática, en tanto que degrada el entorno, lo que ha venido acompañado en ocasiones del cambio del uso turístico al residencial como fórmula de seguir obteniendo renta de una edificación inadecuada. Considero que en las áreas turísticas habría que buscar fórmulas para impedir el abandono y falta de cuidado y renovación de la edificación, sea del uso que sea, en tanto que participan de un ámbito en el que se centra la que es la principal actividad económica de las Islas.

Pero además, en la cuestión del uso compartido, podríamos también referirnos a las dificultades de implantación de la ‘unidad de explotación’ en los apartamentos turísticos, lo que sin duda está provocando graves perjuicios no sólo a las comunidades de propiedad implicadas sino al destino turístico en general. En mi opinión habría que buscar fórmulas para solventar estas situaciones, pero se trata de aspectos más jurídicos o administrativos que relacionados con la arquitectura y el urbanismo.

 

Desde el punto de vista de una urbanista, ¿qué efectos entrevén que traerá la mezcla de usos que propicia el alquiler vacacional?

NT: Nos situamos ante un nuevo paradigma, pero ya con cierta distancia recorrida como para identificar, no sólo las bondades, sino también las perversiones que el alquiler vacacional genera tal y como ha sido planteado hasta ahora.

Con el alquiler vacacional la segregación social y la turistificación van de la mano. Son fenómenos mundiales a cuyos mecanismos de control y regularización hemos de prestar atención. Un buen ejemplo es el Atlas de la turistificación de Madrid, que es una aproximación al impacto del turismo en Madrid comisariado por Ariadna Cantís. Podría ser interesante plantearlo en nuestro contexto, incorporando los parámetros de análisis urbanos propios de la condición insular para, de esta manera, identificar patrones espaciales lógicos.

Si los espacios alojativos, las infraestructuras de proximidad y el espacio de relación pasan a orientarse y concebirse pensando más en un turista “tipo” que en los ciudadanos y ciudadanas en su diversidad, y si además se supera la capacidad de carga, se ven modificados el paisaje, la calidad de vida y el comportamiento en la cotidianidad de nuestras ciudades. Es paradójico, porque la experiencia que busca el turista, vinculada al alquiler vacacional (más allá de la economía colaborativa propia de sus orígenes), se nutre de la autenticidad del espacio alojativo y del entorno en el que se sitúa, mientras que, en la gran mayoría de las casos, con mucha facilidad estos espacios pasan a convertirse en artificiales o ficcionados.

 

¿Qué encargo de rehabilitación o de rediseño urbano considerarían ahora mismo más retador en Gran Canaria? ¿Cuál sería el mayor reto que querrían llegar a abordar?

NT: El que tengamos en cada momento entre manos nos parecerá siempre el mayor reto y el más ilusionante en cualquiera de sus escalas, ya sea la planificación estratégica, el diseño urbano o la arquitectura. A la hora de aproximarnos a nuestros proyectos, vamos sumando la experiencia que llevamos en nuestras espaldas, tanto profesional como investigadora, pero también el rigor y el compromiso propio de nuestros días.

Participar en la “reinvención del destino” nos interesa especialmente a partir de la transformación del espacio libre y de sus arquitecturas, pero si hay un ámbito sobre el que hemos estado reflexionando con mayor profundidad, ese es el frente marítimo. Desde el estudio actualmente estamos cerrando el proyecto de ejecución de la playa de Charcos en Valleseco, Santa Cruz de Tenerife.

 

El debate sobre arquitectura, medio ambiente y turismo, quizás ha quedado en los últimos años un poco relegado en los medios de comunicación. Este año se celebra el centenario del nacimiento de César Manrique, y no queríamos cerrar esta conversación sin preguntarles por él. ¿En qué medida cambia la concienciación pública la aparición de una figura así?

NT: Cambia de manera radical. El valor del paisaje, la identidad de un lugar, la capacidad de carga del espacio turístico, el cuidado al medio ambiente y la ecología, son cuestiones que los habitantes de Lanzarote tienen muy presentes y vienen señaladas desde las primeras etapas de César Manrique en la isla, aunque con especial incidencia en las últimas etapas de mayor activismo desde mediados de los ochenta.

Por encima de todo, incluso del rico panorama que presenta el léxico manriquiano en sus arquitecturas, César señala la definición de un modelo de isla turístico diferenciado en donde las transferencias entre arte, turismo y paisaje se encuentran imbricadas y donde cabe la ficción en la construcción del relato.

 

 

 

*Más información disponible en la web de ‘ARQUITECTURA ANCA

 

 

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