josé moriana y pablo guillén

José Moriana y Pablo Guillén: unimos a dos generaciones de la mejor hotelería de Gran Canaria

El desarrollo del turismo se levanta a través del conocimiento acumulado y el talento de profesionales que han participado en la consolidación de Gran Canaria como destino. De ese legado pudimos hablar con José Moriana, emprendedor hotelero, ex-presidente de la Federación de Empresarios de Hotelería y Turismo de Las Palmas, y con Pablo Guillén, director comercial del grupo Hoteles LIVVO. Una conversación que ayuda a entender claves pasadas, presentes y futuras del sector.

Profesionales del turismo, con trayectoria contrastada. Nadie mejor para analizar tanto los inicios del modelo, como los factores que marcan la comercialización de viajes y vacaciones. Son los auténticos conocedores de la trastienda de un campo de actividad tan complejo y competitivo como es nuestra ‘Industria de la Hospitalidad’.

 
De los pioneros a la vertebración hotelera

Para comprender el presente necesitamos entender el origen y la trayectoria del destino, con sus avances y sus vaivenes. ‘El primer turista que vino a Gran Canaria fue Cristóbal Colón’ -nos cuenta con media sonrisa José Moriana – «Pero el segundo que intentó decidir qué hacer, ese se llama Néstor Martín-Fernández de la Torre», remarca, ahora sí rotundo.

El proceso de consolidación de Gran Canaria como espacio de acogida turística comenzó a configurar su estructura moderna en la década de 1960. La ordenación del territorio del sur de la isla, impulsada por el proyecto Maspalomas Costa Canaria a partir de 1961, supuso un punto de inflexión en la urbanización y la planificación turística en el archipiélago. Sin embargo, la articulación empresarial precedió a las grandes estructuras patronales.

José Moriana rememora esos primeros pasos de la organización profesional de la isla, situando en el centro de la iniciativa a los propios directores y técnicos que gestionaban los primeros establecimientos. «Hubo una discusión grande en donde los jóvenes, que éramos nosotros –yo tenía 20 años cuando empecé con la hostelería-, lo que creíamos era que los hoteles debían servir exclusivamente para residenciar la demanda. Apostamos porque los hoteles solo fueran eso, porque había una cosa infinitamente mejor, que era la isla. La isla es el producto”.

 
 
josé moriana
 
 

En ese contexto fundacional de los años sesenta y setenta, la falta de estructuras empresariales consolidadas llevó a los profesionales de la época a organizarse, por cuenta propia. Moriana destaca el papel determinante que jugó la gestión técnica antes de la creación de las grandes federaciones empresariales.

“Iban pasando aproximadamente 15 o 20 años desde que se inició el destino. Apareció la primera asociación empresarial en ese momento, que fue la Asociación de Directores de Hotel.” -nos subraya. A través de esta iniciativa asociativa, los directores asumieron la responsabilidad de promocionar la isla en el exterior y de sentar las bases de la hospitalidad insular, acudiendo a ferias internacionales para posicionar la marca Gran Canaria.

 
La fórmula del aparthotel y el ahorro local

Uno de los fenómenos económicos y sociales más singulares de Gran Canaria fue la configuración de un modelo alojativo abierto a la sociedad insular. A diferencia de otros destinos donde la inversión extranjera absorbió la totalidad de la propiedad, en la isla se desarrolló una fórmula que sí permitió democratizar la participación en el negocio turístico.

José Moriana explica cómo el desarrollo del sur permitió la incorporación de pequeños ahorradores canarios a la actividad turística. “Aparece ahí una figura a nivel internacional, primero en Gran Canaria, que se llaman apartamentos, los aparthoteles, los bungalows, etc. Después, aparece una cantidad de ahorro canario que se invierte -’yo compro un apartamento, el otro compra un apartamento’-, que se le da al turoperador o se le da a la comunidad de propietarios, y lo explota y lo vende fuera”.

Esta estructura permitió redistribuir la riqueza generada por el turismo entre diversos estratos de la sociedad insular. Sin embargo, hoy, la evolución del mercado hacia grandes grupos de gestión ha modificado la capacidad competitiva de este modelo de propiedad dividida.

Como analiza Pablo Guillén, el entorno actual plantea retos operativos para estas infraestructuras: “Ese modelo fue muy bueno al principio, en un momento en el que el pequeño inversor canario invirtió en su apartamento, y eso le creó una economía extra tradicional. Hoy en día, eso quizás se ha revertido un poco en contra, porque tenemos complejos de cien apartamentos con ochenta propietarios, complejos que no están en condiciones de competir con los grandes grupos hoteleros”.

 
La turoperación como motor de aceleración

La llegada de los turoperadores europeos a partir de la década de 1970 fue el gran dinamizador del turismo de masas en Gran Canaria. La fórmula del paquete vacacional y los vuelos chárter garantizó la ocupación continua, especialmente durante los meses invernales, posicionando a la isla como un refugio climático clave en el continente europeo.

Pablo Guillén destaca la contribución estructural de la intermediación turística en la consolidación de la conectividad aérea y la proyección internacional del destino Gran Canaria.

“Si hemos llegado aquí, ha sido gracias a la turoperación y a la intermediación turística. Son un tipo de intermediario que añade valor, porque muchas veces asumen el riesgo de la plaza aérea y de las camas. Ellos mismo fomentan y hacen mucha promoción para esos destinos donde tienen focalizado su riesgo, haciendo roadshows y workshops con las agencias de viajes”. -explica Pablo.

 
 
pablo guillén
 
 

No obstante, el crecimiento acelerado de la demanda también supuso un reto de adaptación para las estructuras locales. La dependencia de grandes volúmenes exigió un aprendizaje continuo en la gestión de crisis globales -desde crisis energéticas e inflacionarias hasta coyunturas geopolíticas internacionales-, demostrando la resiliencia del sector hotelero insular para superar periodos de baja ocupación y reajustar sus estrategias comerciales.

 
Evolución de la función comercial

La gestión turística ha experimentado una transición profunda. De las decisiones basadas en la experiencia directa y la intuición profesional de los años setenta se ha pasado a una disciplina fundamentada en la inteligencia turística, el análisis de datos masivos y la gestión del rendimiento (en lenguaje del sector, el ‘revenue management’).

Pablo Guillén nos describe cómo hoy, la labor del profesional comercial exige combinar el conocimiento del entorno con la precisión analítica que aportan las herramientas tecnológicas.

“El comercial, aparte de escuchar, tiene que saber parar, sentarse y tomar los análisis. Hoy en día, gracias a la tecnología, tienes a tu alcance mucha información sobre datos reales del negocio, bien sea precio, antelación de reserva, tipo de cliente, etc. Analizando todos esos datos, más la preocupación que le pongas en conocer los entornos socio-económicos y políticos, eso es lo que te da finalmente una visión comercial de la situación”.

A esta sofisticación en la venta se suma la diversificación geográfica de los mercados emisores. Aunque los mercados tradicionales -británico, alemán y nórdico- continúan siendo el pilar fundamental de la demanda de Gran Canaria, la conectividad actual ha permitido la consolidación de nuevos flujos procedentes de Europa Central y del Este, como los mercados polaco, checo o francés, reduciendo la vulnerabilidad del destino ante la desaceleración de economías específicas.

La conectividad actual reduce la vulnerabilidad del destino

 
La hospitalidad como activo diferenciador

A pesar de los avances tecnológicos, de los procesos de automatización o de la optimización de los canales digitales de venta, podemos afirmar con rotundidad que aún hoy la experiencia turística en Gran Canaria mantiene su elemento diferenciador en la calidad de la atención humana. Tanto la gestión hotelera tradicional como la comercialización contemporánea coinciden en que la hospitalidad de la población local constituye el principal activo de la fidelización del destino.

José Moriana enfatiza la dimensión ética y profesional del oficio de la hostelería, como una actividad de intercambio humano y servicio: “La hostelería es la actividad más gratificante para una persona que quiera trabajar. Estás creando satisfacción al otro, con lo cual hay una reversión de miradas, de actitudes que te llenan. La hostelería es una profesión que cuando haces algo bien, las mismas paredes del hotel te están devolviendo las gracias”.

La hostelería es la profesión más gratificante

 
José Moriana. FEHT Las Palmas
 
 
Por su parte, la perspectiva comercial reafirma que la capacitación técnica no debe desvincularse de la vocación. En la óptica de Pablo Guillén, la profesionalización del sector requiere entender la integralidad del empleo turístico. Nuestra industria genera un grupo gigante de oficios, un campo muy amplio y diverso que, junto a las profesiones más comunes en hotelería, abarca desde la atención directa hasta las nuevas profesiones vinculadas al marketing digital, la arquitectura o el análisis de datos, entre muchas otras.

Y un punto final, ponemos un punto final en común, a la conversación entre dos generaciones. La preservación del paisaje, el cuidado de la planta alojativa y la cohesión entre la actividad turística y la comunidad local, se configuran como las bases que permitirán garantizar la sostenibilidad y competitividad de Gran Canaria, de cara a las próximas décadas. En eso están de acuerdo José Moriana y Pablo Guillén, y con un abrazo se saludan y se despiden, para seguir en su hiperactividad de cada día.
 
 

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